Relación entre perro y dueño

Relación entre perro y dueño

Los distintos estudios realizados sobre la relación que existe entre los hombres y sus mascotas destacan la importancia de las relaciones singulares entre ellos, y los beneficios que pueden llegar a aportar a la persona. De hecho, incluso, los seres humanos tienden a interesarse mucho más por sus propios hábitos de comida cuando tienen la responsabilidad de alimentar y cuidar a una mascota.

Las estadísticas demuestran que muchas personas que viven solas son perfectamente felices con un animal de compañía a su lado. El hecho de tener un perro, proporciona al individuo, sin duda, muchas satisfacciones.

La mayoría de los perros viven en entornos familiares donde se encuentran el dueño, la dueña y los niños, elementos imprescindible tanto para la educación del can como para la propia educación de los niños, que al convivir con un animal en la casa, perderán el miedo a los perros.

Generalmente, los perros enseñan responsabilidad a través de la comprensión, cuidados y sentimientos que reciben.

En algunos países incluso se organizan semanas o congresos de concienciación canina para educar a las personas acerca del valor y de los cuidados básicos hacia las mascotas domésticas.

Los problemas de comportamiento canino son la primera razón por la cual los dueños de los perros se deshacen de sus mascotas, ya sea dándoles a nuevos hogares, a sociedades protectoras o llevándolos de vuelta a los criaderos. Lamentablemente, hay muchos propietarios que no están dispuestos a dedicar el tiempo necesario para adiestrar y cuidar correctamente al perro. Por eso, antes de adquirir al animal hay que tener presente cuál es el carácter y el comportamiento del perro elegido, para evitar así este tipo de situaciones desagradables para el canino.

La educación de un perro no es un asunto que se debe tomar a la ligera. El perro es un ser vivo que tiene necesidades fisiológicas, exigencias de orden físico y requerimientos afectivos, y todas estas necesidades deben y tienen que ser asumidas por el propietario del can.

El cachorro, desde el momento en que entra en casa, tendrá que ser habituado, gradualmente y con paciencia, a todo lo que forma parte de la educación y adiestramiento del mismo. En este sentido, no se puede pretender que el can obedezca a la primera orden o palabra que se diga, sino que todo proceso de adiestramiento y de educación requiere de una sucesión correcta de actuaciones encaminadas a formar y educar al animal. Al perro no se le puede tratar como si fuese un recluta. El procedimiento de enseñanza es largo y es necesaria paciencia, pero al final siempre se obtienen resultados satisfactorios.

La educación no consiste en indicarle al perro un par de veces, por ejemplo, que en un rincón determinado de la casa no se puede ensuciar, que las patas de los muebles no se muerden o que no es correcto orinar en la alfombra del salón.

Con el tiempo, nuestra mascota irá asociando determinados gestos con ciertas palabras, y aprenderá sus significados, al igual que sucede con los niños pequeños. En este sentido, se debe tener presente que hay perros que aprenden mucho más rápido que otros. El hecho de conseguir que el can aprenda con más o menos agilidad las órdenes depende, exclusivamente, del método y de la paciencia del dueño.

Aquello que se tenga que decir al perro, ya sea porque lo ha hecho bien o porque lo ha hecho mal y no debe repetirlo, tiene que ser indicado justo en el momento en que el animal lo realice. Es inútil chillar o decir al perro una orden si no es el momento justo en que lo hace.

Uno de los primeros problemas que surgen en la convivencia entre el nuevo animal y el propietario y el resto de familia de la casa es el lugar donde orina o hace sus necesidades. En principio, y hasta que aprenda que ese tipo de necesidades se realizan en el momento del paseo, el can utilizará cualquier sitio de la casa para desahogarse. Para evitar ese procedimiento, un buen método es recoger con un trozo de papel o un cartón la orina o los excrementos del perro y llevarlos fuera de la casa, es decir, al lugar donde se quiere que el perro haga sus cosas; para educar al perro en este sentido debes llevar al can a dicho sitio unas cuatro o cinco veces al día, fundamentalmente después de las comidas, ya que es en ese momento cuando el perro suele hacer sus necesidades. De esta forma, el canino, atraído por el olor, se acostumbrará a ir al servicio siempre que lo necesite.

Si por el contrario, el animal tiene que hacerlo en casa, sobre todo durante los primeros meses, se debe realizar la misma operación, es decir, se debe colocar en el lugar escogido de la casa hojas de periódico para que durante los primeros días impregne allí la orina. Además, el lugar debe ser reconocido por el animal como el servicio donde puede hacer sus necesidades.

En el caso de que el perro, después de estar acostumbrado a los periódicos o a una cajita, lo siguiese haciendo en otros sitios de la casa, deberá quitar el olor desagradable de los demás lugares no permitidos para que no vuelva a utilizarlos, ya que los canes se guían por el olor para hacer sus necesidades.

En el caso de que se sorprenda al perro en un lugar impropio o no permitido, se le debe reñir con voz firme y llevarlo al sitio adecuado para ello.

Sea como fuere, nunca se debe pegar al can, ya que los golpes y las tortas sólo agriarán el carácter futuro del perro, sin llegar a obtener ningún resultado positivo al respecto. Si ya de perro adulto, éste intenta roer las alfombras, las patas de los muebles o las cortinas, se debe reñir al animal con un repentino y seco “no” .

Procura no llevar al perro nunca a la cama, pues de hacerlo así el perro siempre querrá ir allí. Aunque solo lo haga una vez, el animal se tomará como costumbre la invitación y, a buen seguro, el dueño se arrepentirá de haberlo hecho.

Para evitar que el perro pida comida en la mesa mientras el dueño y la familia come, lo mejor es no ofrecerle nada de comida. No hay nada peor que ver a un perro con mirada suplicante a las patas de la mesa donde la familia come y solicitando, por medio de un aullido, restos de algo.

El propietario debe procurar que el can se familiarice cuanto antes con el collar y la correa. Primero debe dárselos para que los olfatee y juegue con ellos, es decir para que se familiarice y se divierta con el collar y la correa; de esta manera el perro se percatará de que se trata de elementos inofensivos a los que no tiene que temer. Muy pronto y gracias a la educación que le ha dado el dueño, el canino se familiarizará con ellos y asociará la correa con el acto de dar un paseo, llegando incluso al extremo de que será él mismo quien busque la correa cuando quiera dar una vuelta.

Se debe tener presente que el perro tiene tendencia a tirar de la correa hasta el sexto o séptimo mes de vida. En este sentido, no te debes impacientar, y debes dejar actuar al pequeño a su antojo.

La forma de caminar con el perro es en el lado izquierdo, es decir, el can a la izquierda del dueño. La manera de enseñarle a caminar junto al amo es que el dueño camine derecho, dejando que el perro vaya un poco por delante; una vez que el perro se encuentra adelantado, el dueño debe dar media vuelta procediendo a un ligero estirón de la correa. Justo en el giro, el perro notará un ligero estirón hacia atrás, entonces girará también, alcanzará al dueño y le sobrepasará.

Éstos son algunas de los pasos a seguir más necesarios para poder educar a un perro. El adiestramiento requiere este aprendizaje por parte del can.

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