La panleucopenia felina

La panleucopenia felina

La panleucopenia felina, también llamada enteritis felina infecciosa, es una de las principales causas de muerte en los gatitos. Se le ha llamado también el moquillo felino, pero no guarda ninguna relación con el virus que causa el moquillo en los perros.

El virus de la panleucopenia está presente allí donde hay animales susceptibles. Visones, hurones, mapaches y gatos salvajes, todos podrían ser sus víctimas.

Síntomas de la panleucopenia felina

El virus de la panleucopenia tiene especial fijación por los glóbulos blancos de la sangre. La reducción de los glóbulos blancos (leucopenia) en la sangre da nombre a la enfermedad. Los signos de la enfermedad aguda aparecen de dos a diez días después de su exposición. Los primeros síntomas incluyen pérdida de apetito, apatía severa y fiebre de hasta 40.5 ° C. El gato suele vomitar varias veces y expulsa una bilis espumosa con manchas de color amarillo. Puede que veas al gato ponerse en cuclillas debido al dolor, con la cabeza suspendida unos pocos centímetros sobre la superficie del recipiente de agua. Si él es capaz de beber, inmediatamente vomitará. Con dolor en el abdomen, el gato llora lastimosamente.

La diarrea puede aparecer en una etapa temprana del curso de la enfermedad, pero con frecuencia viene más adelante. Las heces son de color amarillo o con trazas de sangre. En los gatitos jóvenes (y algunos gatos mayores), el inicio de la enfermedad puede ser tan repentina que la muerte se produce antes de que el propietario se da cuenta de que el gato está enfermo. Puede parecer como si el gato hubiera sido envenenado.

Transmisión y contagio

El virus es altamente contagioso. Se transmite por contacto directo con animales infectados o sus heces. Los platos de comida contaminados, la ropa de cama, las cajas de arena, y la ropa o las manos de las personas que han tratado a un gato infectado son otras vías de contagio. Es probable que también se transmita a través de pulgas y otros insectos durante las épocas de calor.

La panleucopenia puede ser transmitida a los gatitos tanto antes como poco después del nacimiento. En estos casos, la tasa de mortalidad es del 90 %. Los gatitos que se recuperan de la infección neonatal pueden tener daños cerebrales y exhibir una manera de andar tambaleante y descoordinada, que se observa cuando comienzan a caminar. Las infecciones bacterianas secundarias también son comunes. Las infecciones bacterianas, más que el propio virus, pueden ser la causa de la muerte.

Diagnóstico

Un conteo de glóbulos blancos confirma el diagnóstico. Las pruebas del parvovirus canino también detectarán el virus de la panleucopenia felina, que es un miembro de la familia del parvovirus.

Los gatos que sobreviven son sólidamente inmunes a la reinfección, pero pueden contagiar el virus durante varias semanas. Junto con los portadores asintomáticos, esto conduce a la exposición repetida entre los gatos. La exposición repetida ayuda a estimular el sistema inmunológico de los gatos que ya han adquirido anticuerpos protectores.

Tratamiento de la panleucopenia felina

Detectar la panleucopenia en una etapa temprana es de vital importancia, ya que se debe iniciar un tratamiento intensivo de inmediato para salvar la vida del gato. Es mejor que consultes a tu veterinario aunque resulte ser una falsa alarma que esperar hasta que el gato esté desesperadamente enfermo. Las medidas de apoyo incluyen la reposición de líquidos (para tratar la deshidratación), antibióticos, instauración de una dieta adecuada y, en ocasiones, transfusiones de sangre.

El objetivo principal del tratamiento es el de mantener al animal vivo durante 5 a 7 días hasta que aparezca la respuesta inmune.

Prevención de la panleucopenia felina

El virus de la panleucopenia es resistente. Puede sobrevivir en alfombras, grietas y muebles por más de un año. Es resistente a los desinfectantes comunes del hogar, pero puede ser destruido utilizando una solución de cloro (diluido en agua).

La mayoría de los gatos están expuestos a la panleucopenia en algún momento de su vida. La vacunación es la forma más eficaz para prevenir esta grave infección.

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